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MadiA pesar de que los plásticos han contribuido de forma importante en el desarrollo y el progreso, también es cierto que su utilización masiva y su dilatadísimo proceso de degradación están provocando un grave problema medioambiental. En particular, el plástico de acolchado se utiliza desde la década de los 50, con el fin de modificar el entorno al que las plantas están sometidas.

Sin embargo, esta técnica tiene una serie de inconvenientes, relacionados principalmente con el alto coste de su retirada del suelo y los impactos negativos por una inadecuada gestión de los residuos. En la actualidad el mercado está dominado por plásticos derivados de combustibles fósiles (PE) donde la retirada y eliminación de los mismos cuesta unos 300-400 €/ha. La investigación ha desarrollado una nueva generación de acolchados biodegradables, donde se eliminan esos costes ya que, una vez finalizada la campaña, el acolchado se incorpora al suelo siendo éste degradado por efecto de los microorganismos. Se trata de plásticos biodegradables y compostables en el suelo. Procedentes de materias primas renovables (aceites vegetales, almidón patata, maíz y otros cereales), con propiedades mecánicas similares al plástico tradicional.

ADESVA lleva más de 8 años ensayando diversos prototipos en numerosos cultivos, participando además activamente en la investigación de todos aquellos procesos para que sea una realidad utilizable. Se han probado una treintena de acolchados biodegradables, con diferentes espesores, colores y formulaciones de la materia prima, pero queda mucho por hacer respecto al estudio de biodegradación en suelo.

Magdalena Torres Vílchez, Responsable Dpto. Agronomía ADESVA

Fuente: El Correo de Andalucía

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